jueves, 9 de agosto de 2018

Aquel monstruo peligroso

Años y años de hablarnos, de querer vernos, de postergar una relación imposible, pensar cómo sería posible, de compartir confesiones, y de pronto unas palabras, una foto, y te conviertes en lo más repugnante y corrosivo que existe como hombre. Un acosador desalmado que te parten tu madre si te acercas. La realidad es tan inestable. Años y años y en un instante eres el villano. La alimaña sin derecho de replica. ¿Qué puedes sentir tú? Qué importa lo que sientas.

Yo creo que el desembocamiento de mis conjeturas era un cauce al que toda persona con un gramo de astucia podría haber llegado. Es decir: 1. X es la razón de que me aparte de ti. 2. Amo a X, literal. 3.Te comparto la foto de X sin playera.

 Fui un pendejo al vomitar lo que pensaba, pero hubiera sido más pendejo de envenenarme aguardandolo. ¿Qué manera dulce o moderada de decir algo así existe?

Finalmente me reconstruí. De tantas veces uno va adquiriendo habilidad en eso. Rearmar su barquita de personalidad para soportar la realidad. Si había algo entre tú y X ya no tenía importancia, yo sabía que nada entre nosotros era posible. Teníamos sexualidades incompatibles. Cualquier mujer que te llame patético por extrañar el sexo tiene en mente que la gente coge sin conciderar la intimidad, ni la persona. 

No sé qué detestar más: que me sea imposible este follar por follar moderno, o que no encuentre la manera de que mi sexualidad embone. 
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