miércoles, 20 de junio de 2018

El agripiano

En el autobús la gente se encapsula en sus pensamientos. La meditación en el transporte público es una práctica común. Es usual mantener tu campo de visión alejado del resto, apartado de cualquier posible malentendido que luego logre complicarse. Y es que cualquier intento de escape resultaría un tanto torpe y bochornoso; es por eso, esencialmente. Sin embargo no sé qué tanto ellos piensan... pero a mí se me hace barbara la forma en la que ellos me miran. Cómo colocan sus ojos discretamente en un punto cercano, para en realidad embarrarme discretamente todo su deseo y frustración. Pero yo los entiendo; hay que distraerse con lo mejor en ese proyectil metálico de fetideces y griteríos.

A mí me pasó el lunes de regreso a casa. Él estaba ensimismado en la orilla de su asiento, y era de esos hombres difíciles de encontrar que llaman la atención por su vórtice poderosisimo de enajenación. Allí estaba, mirando fijamente el borde del respaldo vecino, mientras su acompañante a su izquierda, una mujer madura uniformada, verificaba a cada rato las calles por donde pasábamos a toda velocidad, midiendo su tiempo. Entonces ella se levantó y dejó el lugar vacío. Él volteó con naturalidad y me vio, integrándome súbitamente en ese vórtice del que les hablaba. Por lo demás, me sentía nerviosa. Me senté a su lado.

La luz cálida de dentro le daba en el rostro, y se me antojaba dulce y sereno mientras reflexionaba sus cosas contra el respaldo de enfrente. Entonces le pregunté si era de aquí, le dije, ¿eres de aquí, disculpa?... se me quedó viendo como si no entendiera mis palabras. No contestó al instante, si no que balanceó su cabeza de un lado a otro, estirando sensualmente su grueso cuello de ganso mientras daba con la respuesta. Me dijo, no soy de aquí, vengo buscando a alguien. ¿Como a quién?, pregunté. Su cuello se estiró hacia adelante, luego hacia atrás, y se elevaba de un lado a otro como una serpiente encantada se eleva por el hechizo de la flauta. Desde arriba me contestó, busco una joven de apagado asombro... habló mucho más sobre aquella chica, pero no recuerdo todo, ni creo sea importante decirlo. Recuerdo sólo su voz ronca y varonil viniendo a granel; haciendo que mi sangre se agitara e hinchara mis sensibilidades.

En pocos segundos, su cabeza, como un faro, pendía en las alturas, y su charla, pausada, inteligente, intrigante, me seducía poco a poco, cada vez más...  Luego, ya no pudiendo contener semejante cogote en erecta postura, lo curvó hacía mi, ora cerca, ora lejos; y su voz la percibía también desde distintos ángulos y profundidades, con el tono en que un ciervo brama se me venía.

Mientras conversábamos, su cuello crecía, dilatando sus vertebras a mi alrededor, descansandolas sobre mis hombros, acariciando mi propio pescuezo. Sus labios en mi oído vertían toda su dulzura. De pronto me encontré gimiendo descontrolada a medio camino del orgasmo, casi llegando a mi casa, con un montón de pasajeros mirándome atónitos, sola, sin ningún engendro con cuello de grulla extendiendo su laberinto a mi alrededor. Me levanté abochornada, y torpemente logré bajar.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Ciencia ficción del absurdo

No entiendo cómo es que me resulta tan sencillo generar contextos y vinculos simbólicos, pero cuando tengo que procesar analíticamente los ya generados, me siento abrumado si no llego a asimilarlos del todo, y fastidiado de exponerlos cuando ya los he dominado. No tengo ninguna responsabilidad en compartir mis impresiones, es más, todo lo que yo resuelva seguramente ya ha sido resuelto por alguien, o si no es el caso, así será en algún futuro; vendrá el erudito a descifrar el enigma. 
No hacía falta una introducción pesimista como esta, me disculpo. El absurdo en la literatura estimula mi visión nihilista del comportamiento. 
Tampoco tendría qué recomendar leer una obra tan publicitada como lo es ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, quien se deleita con el ciberpunk la tiene como carta referencial. Las películas basadas en la novela de Philip K. Dick son un buen acicate propagandista. 
¿Quieres conocer qué tan diferente es el libro de las películas? No le veo el sentido. Es más emocionante descubrir esas cosas por uno mismo. Estoy tentado a escribirlas ahora solo para estropearte la sorpresa. Igual eres uno de esos seudolectores académicos que necesitan el material digerido y regurgitado para poder trabajar desde ahí. Solo diré que el universo de Blade Runner es mucho más atractivo y exhuberante. Tiene toda la esencia del género: lluvia y luces de neón. 
En la novela hay ingredientes menos estéticos pero más conceptuales. Tenemos por ejemplo, el statu quo social de poseer una vida animal, algo así como una mascota, debido a la escasez de especies y ejemplares en el mundo. Y qué decir de la religión del mercerismo, fundamentada en el mito de Sísifo. 
No he leído el ensayo de Camus, pero supongo que desarrolla este tema para concluir que es un mito existencialista sobre la condición humana. Sísifo tenía por castigo elevar una gran roca a la cima de una cumbre, para cuando casi llegara a este punto, dejarla rodar cuesta abajo, y volver a empezar, una y otra vez, sin fin. Mercer, el actor del mercerismo, es Sísifo, y Sísifo representa a cada hombre y mujer empeñado en sus tareas cotidianas, llevando afanosamente su vida para nada. Mas el hecho de que no haya una meta última a la cual llegar, no quiere decir que deba abandonarse todo esfuerzo, sino que el mismo esfuerzo es la razón para cumplir un papel en la trama histórica de la vida. Nadie escapa a eso. 
Rick Deckard, personaje principal en la novela, podría estar interpretando la vida de Sísifo. Al igual que él, debe aniquilar a viajeros extranjeros ilegales. La empatía que germina en su interior por estos seres de vida artificial, lo empuja a un conflicto moral entre aquello que se supone debe hacer y aquello que sería lo correcto. El mercerismo se deslinda del mal y el bien como meras abstracciones humanas. 
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es muy acorde a nuestro siglo. No porque estemos a punto de crear una generación de androides y formas robóticas que consigan trasponer nuestro concepto de vida. Sino que es la cultura de nuestros tiempos una productora de narcisismo a granel. Y la falta de empatía que muestran los androides en la obra de Philip K. Dick, incluso con los de su propia clase, bien puede compararse a los distintos trastornos que involucran una afectividad achatada: esquizofrenia, narcisismo, sociopatía, psicopatía. Y es aquí cuando la verdadera interrogante se nos antoja compleja.
¿Sería justificado el asesinato de aquellos que son incapaces de establecer una conexión con otras formas de vida? Ellos pueden hacer daño sin que les perjudique en el ánimo o la conciencia. Son un peligro en potencia. Pero la capacidad y posibilidad de agraviar a alguien no es exclusiva de unos cuantos; todos, en menor o mayor medida, tenemos el poder de destruir y las circunstancias pueden orillarnos a ejercerlo.
Por eso es que el mercerismo se convierte en clave de tal distopía. Si todos tenemos el mismo destino, también compartimos un mismo dolor, entonces estamos calificados para fundirnos en torno  a un mismo mito.

lunes, 21 de mayo de 2018

Reseñando Pantaleón y las visitadoras



Pantaleón y las visitadoras me produce sentimientos encontrados. Por un lado aplaudo la rigurosa e inteligente estructura en que la historia se va desarrollando, el tema obliga a tal disciplina, no hay cómo escapar. La idea de un grupo de prostitutas reclutadas para el desahogo de la milicia tiene un gran potencial, y por ello es necesario un gran maquinador para explotar tal idea al máximo. Vargas Llosa en muchos sentidos logra hacer que suceda. Sin embargo, por otro lado, se queda corto en lo narrativo.
Es muy probable que Llosa solo cumpliera con su labor. No había mucho qué hacer en este aspecto. El estilo realista del autor determinó darle un cause histórico. Y el conglomerado de testimonios es lo que al final construye la novela y la hace verosímil. El problema es que el choque de contradicción que implica hacer dos sistemas uno solo, el militarista y el proxenetista, exigía un efecto humorístico, un efecto que desde mi perspectiva termina por no sobresalir y resultar hasta parco.
Es culpa de sus personajes; elaborados como modelos estereotipicos. Sus rasgos se convierten en una caricatura. El más evidente es El chino Porfirio, con su acento de lo más ridículo y trillado, a imitación de chino de espectáculo cómico. Además, la madre y esposa de Pantaleón, y en general todos los personajes femeninos, parecen sacados de un mismo molde, impresas con un toque de vulgaridad y mayor o menor nivel de madurez. Sus voces difícilmente logran diferenciarse. Apenas La brasileña puede despegarse un poco en este sentido. Más allá de su descripción física, y las reacciones que provoca en los soldados y en el propio Pantaleón Pantoja; la escuchamos cariñosa y cautelosa, demasiado racional, demasiado viva para enamorarse, ideal para un trabajo en que las emociones solo podrían estorbar.
Entonces los personajes se convierten en los guiños que el autor hace al lector. Sus nombres y presencia son divertidos per se. Es un desfile de circo. El humor, luego de que la sencilla idea de una prostitución militarizada se nos antoja posible, se limita a nombrarlos y llevarlos de aquí para allá.  
¿Pudo el Nobel de literatura haber hecho más? la cuestión es que su estilo lo limitaba. Con un narrador omnisciente la ensalada experimental de diálogos se perdería, y no tendríamos el aspecto semioculto de los acontecimientos, la graduada sorpresa de la concreción temática, y su carga de veracidad. Siempre se debe sacrificar una cosa por la otra. No hay un punto medio ni ningún posible equilibrio.
Vemos un lenguaje sencillo y convincente. La extensión juega un papel preponderante. En total se dice mucho pero ocurre poco. Los capítulos son largos, de hasta treinta cuartillas. Si no eres fan de la prosa Llosa, te aconsejo no leer esta novela, se puede tornar pesada.
Como mencioné al inicio, lo verdaderamente interesante ocurre en la estructura, más allá de los variados recursos en formato (que si una carta, que si un informe, que si la ensalada dialógica o un guion de radio), y sin hacer mucho caso a una temporalidad lineal, sin saltos atrás ni abruptos adelantos, fijémonos en lo aplicado del autor para fundar ese lupanar en medio de la selva, en la diligencia con que planeo su ejecución, y para lo cual se valió de un personaje igual de aplicado, Pantaleón hizo su… ¿sueño? realidad. Paso a paso, fiel a su deber patriota. Pero a diferencia de su creador, el capitán Pantoja, ansía crecer e ir más lejos. Si te olvidas de la inmoralidad que supone, Pantaleón y las visitadoras encierra una valiosa moraleja: todo es posible cuando tu pasión es la disciplina.

martes, 1 de mayo de 2018

Renuncia y determinación


La ventaja de tener habilidad en evocar mundos ficticios es que puedo hacer que funcione lo nuestro en ellos. Claro que para que eso pase debo plantearte de la manera más fidedigna posible, sin volverte la ogra que el resentimiento me ha forzado a hacerte, pero tampoco darte el privilegio de la mujer perfecta. Es decir, debo jugar con ambos polos y equilibrar.

Hoy desperté recordandote, y sin el veneno del anhelo de un futuro encuentro. No creo que tú y yo seamos iguales, pero ambos compartimos ciertos demonios, y los que no, de igual forma nos convierten en incompatibles para relaciones duraderas y de calidad. Aunque no somos enteramente monstruos. Espero que tú también hayas encontrado en mí alguna clase de virtud o cosa agradable.

Creo que los cambios son graduales, excepto en la adolescencia, porque en la adolescencia eres un amasijo de personalidad chocando con otras para amoldarte, y sufriendo por no terminar siendo una replica y perder tu esencia. En fin, sé que muy dentro de nosotros, queríamos adaptar al otro al modelo de relación ideal. No por un capricho tonto, sino porque en verdad conectabamos y deseabamos que sucediera algo. Sería soberbio de mi parte decir aquellas cosas que no toleras de mí y que querías cambiar, pues nunca  me las contaste. Igual lo haré porque sí soy sobervio, y de seguro es una de las razones por las que te llegué a desagradar. Sí, siempre tratando de descifrar tus pensamientos ¿qué me creo, un psíquico?

Supongo que detestabas que me portara reservado, que no expresara lo mucho que me emocionaba verte y tenerte cerca. En ocasiones era por temor a espantarte, que te dieras cuenta que estaba loco por ti; con lo incomodo de corresponderme, porque tú tampoco eras muy efusiva como para darme entrada. Después era porque tenía una relación, y siempre he aborrecido la infidelidad. Soy muy precavido con los comienzos de relaciones; no herir, no ser herido. Y lo soy más cuando existe un compromiso formal de años.

Otro punto en mi contra es que detesto conquistar. Me resulta falso, repetitivo, imitativo, replicativo.

Puedes culparme de todo, menos de deshonesto. Siempre he sido yo, muchas veces no me gusta lo que soy, pero eso no significa que actúe o trate de engañar al mundo siendo diferente. En ocasiones me encuentro frustrado, molesto, harto, y sale lo peor de mí: celos, indecisión, vileza, indiferencia, corrosión, agresividad. No significa que así sea todo el tiempo y trate de esconderlo.

Lamento haber tratado de hacerte sentir igual de mal a como me ponía contigo. Ya sabes, decir o hacer algo lindo e inmediatamente hacerlo parecer cotidiano, común, sin valor. Tal vez en lugar de guardarme el dolor y convertirlo en rencor, debí decirte cómo me sentía con ese comportamiento. El boceto que me hizo sentir atractivo y la innecesaria explicación que me redujo a un sujeto en una foto. El cumplido que pasó a ser parte del repertorio en una escala en que tú ya tenías al mejor. No seguiré con esto. Prefiero contarte las cosas por las que me enamoré de ti.

Aunque justificaras superficialmente todo lo lindo que hacías o decías de mí, siempre me gustó creer que venía de una atracción y un interés reales y profundos. La manera en la que me mirabas, tus ojos tan expresivos. Y si de superficialidad hablamos, cumples casi todos mis fetiches. Tu forma de ser, tan tranquila, dura y espontaneamente tierna, cercana y de pronto completamente indiferente. Eres sumamente sencilla en la vida, y tan complicada con tus instintos y emociones. Me gustas tanto.

Ya no quiero que nos hagamos daño, así que no buscaré contactarte por ningún motivo, ya que parece inevitable tal fricción entre nosotros. Tampoco es que tenga alternativa. Alimaña después de todo. Construiré un mundo posible para los dos, no solo de sucesos, sino de costumbres; vidas acostumbradas a la naturaleza inclemente de su obsesión por el otro. A pesar de las muchas fracturas y de las muchas personas, no dejarán de verse, de quererse, de añorarse, de intentarlo. 

miércoles, 18 de abril de 2018

Ante editores mamones

Hay escritores mamones como hay editores mamones, que descalifican tu trabajo debido a tu personalidad, ideales, estilo, ortografía, o raquitica trayectoria. O que dada su falta de profesionalismo descalifican tu persona por algún mal trabajo que llegues a compartirles. Podemos seguirles el juego con el mismo sarcasmo con que satirizan nuestros esfuerzos o podemos comportarnos por encima y continuar ofreciendo parte de lo que somos en unas cuantas cuartillas, con respeto, otorgando una atención minima a sus menosprecios. Un editor serio es como un psicólogo, se guarda los juicios moralizadores respecto a su cliente. 

Así como hay escritores que creen que su pluma está por encima de cualquier otra, hay editores que creen que su criterio está por encima de cualquier otro. Evitales ese poder, no te desmorones ante sus críticas, y mucho menos si lo que buscan es desalentarte a seguir escribiendo. Es un hecho que la mejor y principal crítica es la autocrítica, le sigue la de los autores consolidados, luego la de aquellos que aún no consiguen adueñarse de un estilo, y finalmente, la de los académicos, en donde estarían también los editores; esta suele ser bastante rígida, austera y metódica, carente de recomendaciones. 

Esta entrada la hice por un mal momento que pasé en una de las tantas redes sociales de revistas literarias que existen. Abusan de los memes. Casi casi te dan el manual del tipo de escritor (como persona) que no quieren. 

miércoles, 4 de abril de 2018

Las últimas consecuencias

Cyan: ¿Cuando dijiste llegar hasta sus últimas consecuencias te imaginabas estadios de felicidad y calma en esa parte final del camino? 

Las últimas consecuencias están llenas de miedos e inseguridades. De marginación, de escaces, de soledad. 

No tienes por qué mostrarte fuerte, alegre, convencido... no tienes por qué engañarte para engañar al mundo. Muestrate como el hombre que se ha determinado ir hasta las últimas consecuencias de sus proyectos, el qué se pregunta si vale la pena seguir, el que ve su realidad y se siente parásito, caprichoso, disfuncional, incomprendido, inconexo, desencajado, parte de la consecuencia de un trauma familiar, denominador común de autoabandono. 

Uriel: Yo podría ser la diferencia entre mis hermanos, trabajar para una empresa sin chistar, ganar mi dinero, recompenzar mis esfuerzos con compras, salir a divertirme con mis amigos. Iría a conciertos, comería en puestos de cada rincón de la ciudad, viajaría en vacaciones. Pero mirenme, siguiendo mis sueños, torturado psicosocialmente, en continuo conflicto entre mis deseos, mi calidad de vida y mis inquietudes.

Claro que me gusta el dinero, a quién no, pero si por ese dinero tienes que perder la posibilidad de hacer otras cosas, cosas personales, que te hacen sentir que aprovechas todo tu potencial y capacidad. Diganme ¿qué vale más?

Cyan: ¿Ya te vas a rendir? ¿Vas a postergar la conclusión de esa novela, a relegar a pasatiempo tu pasión por hacer tangibles tus fabulaciones, a no tener tiempo, como la mayoría, de ser parte de una comunidad políticamente responsable?

A veces parece que tus padres cometiron un grave error al tener hijos. Quién diría que iban a salir tan necios en sus convicciones, tan traumados con sus inseguridades, tan inmaduros con sus responsabilidades ¿Hasta qué punto son ustedes adultos? ¿Se hacen cargo de sus vidas? 

Llevar hasta sus últimas consecuencias un proyecto, implica que cuando ya no tengas nada de dinero con qué alimentarlo, vas a tener que pedir, y que te van a ver mal por eso; un caprichoso. O que si te dan de buena manera y noble intención, te vas a sentir corto para retribuirselos, comprometido a dar algo más allá de tus capacidades.

Temes el resultado. Que no gustes, que pases inadvertido, que todo tu esfuerzo sea en vano ¿vale la pena terminar solo para dejar de tener esta comezón por los hubiera?... yo creo que en el fondo deseas ser retribuido. La comezón no terminará; ya lo has dicho antes, no eres escritor, ni siquiera artesano, eres un proyector. Nuevas, peores y mejores comezones surgirán. El problema es el esfuerzo y el tiempo que empleas en aliviarlas, y claro, los muchos sacrificios que desgastan tu cuerpo y tu mente.

Cyan Urón: En fin, aquí estamos, en las últimas consecuencias.

martes, 13 de marzo de 2018

¿Autoestima, amorpropio, otra cosa?

Qué vergüenza mi soberbia cuando he tratado este asunto, en retrospectiva solo puedo argumentar a mi favor que me sonaba, aún me suena, a producto mercadológico: te necesitamos funcional, te necesitamos activo, te necesitamos sano, ten autoestima. Un argumento en mi contra, contundente, es que ese concepto es la raíz de mis demonios.

Qué difícil es el amor cuando no te amas a ti mismo, qué difícil es el amor propio cuando no puedes amar. Pero hay alternativas al amor. Está el cariño, la compasión, la empatía, el enamoramiento y la ilusión. Seguro habrá limitantes para quien no puede amar, por ejemplo, no disfrutará al máximo nivel la vida, se quedará corto al desarrollarse emocionalmente con su pareja, y puede que por tal razón cause daño. Es importante conocer tus límites para no dañar a segundos.

Leyendo Fluir de Mihaly Csikszentmihalyi, vislumbré 2 tipos de personas; los de infancias en ambientes pacíficos y retroalimentivos, y los que tuvieron infancias en ambientes rígidos, violentos o solitarios. Estos últimos pasan mucho tiempo tratando de descubrirse, de pensarse como entes distintos a las masas, de sobreponerse ante las tribulaciones y de armarse de acuerdo a todo aquello que consideran como propio y que a veces inflan a proposito, para llenar los demás huecos. A los unos los llamo de personalidad sólida, a los otros los llamo de personalidad disgregada.

Si te han dicho que te falta autoestima como báse, como pilar, o como pildora salvadora, y sientes el concepto vacío, insulso, o una bolsa de aire con bonita cubierta pero que no te sirve de nada, trata de replantear el fondo. No es el autoestima, es tu personalidad disgregada. Los de personalidad sólida no necesitan nunca plantearse nada de esto, ellos saben quienes son, lo que quieren y qué necesitan.

No quiero resumir todo aquello que conforma una personalidad, seguro habrá matices que no logro percibir, huecos que no he requerido cubrir, pero por lo pronto aquí algunos fragmentos generales:

1. Mis ideologías y valores
2. Mis virtudes
3. Mis memorias más trascendentes
4. Mi sexualidad
5. Mi valor en el universo
6. Mi valor en la humanidad
7. Percepción de mi entorno (qué me gusta y qué no)
8. Pirámide de placeres (en cuales invierto más tiempo y dinero)
9. Percepción de mi físico
10. Mis metas
11. Mis habilidades
12. Mis defectos
13. Mi situación actual

Comodín: Canon personal de belleza.

Voy agregando conforme se revientan las crisis. Tengo una pequeña parte del muro de mi habitación tapizada con notas de cada una de estas partes. Tengo que estarme recordando seguido por qué hago lo que hago, voltear a ver lo que soy y no bobear lo que muestran los demás de sí. No sé si llegue el día en que no tenga que mirar el muro, pero seguramente  no habrá un final feliz en que ya ni siquiera necesite reevaluar mi personalidad. Ya veremos, estoy experimentando.

Ahora, lo que planteo no es un sólidos buenos, disgregados malos, o un capaces e incapaces (ambos tipos de personalidades son capaces de enriquecerse), sino un; así soy, ergo necesito una fórmula de vida acorde a mí. Como el bastón al ciego, las muletas al cojo, la protesis al manco. 

viernes, 2 de marzo de 2018

Ritmo abrupto

¿De a cuánto será la proporción de gente que necesita reconstruirse, aislarse y reafirmar su personalidad cada que alguien o algo la amenaza? ¿3 de cada 10?

Estoy buscando la solución a este ciclo vicioso. Va más o menos así: 1.Te sientes bien, haces lo que te gusta. 2. Sales allá fuera y es inevitable compararte; familiares y gente cercana llevan sus vidas eficientemente, ganan dinero disfrutando de lo que hacen, han logrado muchos objetivos, tienen pareja y sexo. 3. Te alejas de todos, te aislas, te deprimes. 4. Te reconstruyes, te haces preguntas sobre por qué eres valioso, quién eres, en dónde estás, cómo podrías sentirte mejor. 5.A veces llegas a una conclusión complaciente, otras terminas tan agotado que prefieres simplemente continuar con la vida que tienes y dejar de pensar. 6. Vuelve a empezar.

Así como mi sexualidad puede resultar patética para muchas personas, pasa lo mismo con la totalidad de mi vida. Hago poco porque paso por estos muchos abruptos, estas dudas e inseguridades. Regularmente sucede que en las mañanas recuerdo mejores momentos, cuando había alguien a quien le gustaba, alguien que me quería. Extraño. Me pregunto si alguien me extraña. Me respondo que no, que ellos y ellas no tienen tiempo para sentimentalismos, que no soy o no fui importante en sus vidas, que hay gente nueva con la que me han superado facilmente. Las pruebas son claras, no me hablan ni me escriben. No me buscan.

Además yo hago mucho daño. No lo hago a proposito, es mi naturaleza pasivo agresiva; creo estar tranquilo, normal, pero muy en mi interior hay un perro asustado, que muerde a quien parece que le quiere hacer daño o a quien puede hacerlo, a quien tiene el poder de hacerlo, a quien le doy, muy a mi pesar, el poder. Personas a quienes quiero y de quienes me enamoro.

¿Cómo salir de esta maraña? Mi plan, basado en lo que ya he hecho antes con mi sexualidad, es establecer de una vez por todas, todo de lo que se constituye mi personalidad, tal vez así sea más fácil superar los trances; o más rápido. Y poco a poco los abruptos se vuelvan menos escabrosos, y adquiera el ritmo fluido perfecto.

Personalidad:

Sexualidad
Entorno
Metas
Habilidades
Memorias más significativas
Autopercepción física
Valor universal
Valor en la sociedad
Defectos
Virtudes
Valores e ideología
Conflictos y dificultdes
Placeres y sus rangos

Algunos mapas conceptuales serán suficientes.