lunes, 21 de mayo de 2018

Reseñando Pantaleón y las visitadoras



Pantaleón y las visitadoras me produce sentimientos encontrados. Por un lado aplaudo la rigurosa e inteligente estructura en que la historia se va desarrollando, el tema obliga a tal disciplina, no hay cómo escapar. La idea de un grupo de prostitutas reclutadas para el desahogo de la milicia tiene un gran potencial, y por ello es necesario un gran maquinador para explotar tal idea al máximo. Vargas Llosa en muchos sentidos logra hacer que suceda. Sin embargo, por otro lado, se queda corto en lo narrativo.
Es muy probable que Llosa solo cumpliera con su labor. No había mucho qué hacer en este aspecto. El estilo realista del autor determinó darle un cause histórico. Y el conglomerado de testimonios es lo que al final construye la novela y la hace verosímil. El problema es que el choque de contradicción que implica hacer dos sistemas uno solo, el militarista y el proxenetista, exigía un efecto humorístico, un efecto que desde mi perspectiva termina por no sobresalir y resultar hasta parco.
Es culpa de sus personajes; elaborados como modelos estereotipicos. Sus rasgos se convierten en una caricatura. El más evidente es El chino Porfirio, con su acento de lo más ridículo y trillado, a imitación de chino de espectáculo cómico. Además, la madre y esposa de Pantaleón, y en general todos los personajes femeninos, parecen sacados de un mismo molde, impresas con un toque de vulgaridad y mayor o menor nivel de madurez. Sus voces difícilmente logran diferenciarse. Apenas La brasileña puede despegarse un poco en este sentido. Más allá de su descripción física, y las reacciones que provoca en los soldados y en el propio Pantaleón Pantoja; la escuchamos cariñosa y cautelosa, demasiado racional, demasiado viva para enamorarse, ideal para un trabajo en que las emociones solo podrían estorbar.
Entonces los personajes se convierten en los guiños que el autor hace al lector. Sus nombres y presencia son divertidos per se. Es un desfile de circo. El humor, luego de que la sencilla idea de una prostitución militarizada se nos antoja posible, se limita a nombrarlos y llevarlos de aquí para allá.  
¿Pudo el Nobel de literatura haber hecho más? la cuestión es que su estilo lo limitaba. Con un narrador omnisciente la ensalada experimental de diálogos se perdería, y no tendríamos el aspecto semioculto de los acontecimientos, la graduada sorpresa de la concreción temática, y su carga de veracidad. Siempre se debe sacrificar una cosa por la otra. No hay un punto medio ni ningún posible equilibrio.
Vemos un lenguaje sencillo y convincente. La extensión juega un papel preponderante. En total se dice mucho pero ocurre poco. Los capítulos son largos, de hasta treinta cuartillas. Si no eres fan de la prosa Llosa, te aconsejo no leer esta novela, se puede tornar pesada.
Como mencioné al inicio, lo verdaderamente interesante ocurre en la estructura, más allá de los variados recursos en formato (que si una carta, que si un informe, que si la ensalada dialógica o un guion de radio), y sin hacer mucho caso a una temporalidad lineal, sin saltos atrás ni abruptos adelantos, fijémonos en lo aplicado del autor para fundar ese lupanar en medio de la selva, en la diligencia con que planeo su ejecución, y para lo cual se valió de un personaje igual de aplicado, Pantaleón hizo su… ¿sueño? realidad. Paso a paso, fiel a su deber patriota. Pero a diferencia de su creador, el capitán Pantoja, ansía crecer e ir más lejos. Si te olvidas de la inmoralidad que supone, Pantaleón y las visitadoras encierra una valiosa moraleja: todo es posible cuando tu pasión es la disciplina.

martes, 1 de mayo de 2018

Renuncia y determinación


La ventaja de tener habilidad en evocar mundos ficticios es que puedo hacer que funcione lo nuestro en ellos. Claro que para que eso pase debo plantearte de la manera más fidedigna posible, sin volverte la ogra que el resentimiento me ha forzado a hacerte, pero tampoco darte el privilegio de la mujer perfecta. Es decir, debo jugar con ambos polos y equilibrar.

Hoy desperté recordandote, y sin el veneno del anhelo de un futuro encuentro. No creo que tú y yo seamos iguales, pero ambos compartimos ciertos demonios, y los que no, de igual forma nos convierten en incompatibles para relaciones duraderas y de calidad. Aunque no somos enteramente monstruos. Espero que tú también hayas encontrado en mí alguna clase de virtud o cosa agradable.

Creo que los cambios son graduales, excepto en la adolescencia, porque en la adolescencia eres un amasijo de personalidad chocando con otras para amoldarte, y sufriendo por no terminar siendo una replica y perder tu esencia. En fin, sé que muy dentro de nosotros, queríamos adaptar al otro al modelo de relación ideal. No por un capricho tonto, sino porque en verdad conectabamos y deseabamos que sucediera algo. Sería soberbio de mi parte decir aquellas cosas que no toleras de mí y que querías cambiar, pues nunca  me las contaste. Igual lo haré porque sí soy sobervio, y de seguro es una de las razones por las que te llegué a desagradar. Sí, siempre tratando de descifrar tus pensamientos ¿qué me creo, un psíquico?

Supongo que detestabas que me portara reservado, que no expresara lo mucho que me emocionaba verte y tenerte cerca. En ocasiones era por temor a espantarte, que te dieras cuenta que estaba loco por ti; con lo incomodo de corresponderme, porque tú tampoco eras muy efusiva como para darme entrada. Después era porque tenía una relación, y siempre he aborrecido la infidelidad. Soy muy precavido con los comienzos de relaciones; no herir, no ser herido. Y lo soy más cuando existe un compromiso formal de años.

Otro punto en mi contra es que detesto conquistar. Me resulta falso, repetitivo, imitativo, replicativo.

Puedes culparme de todo, menos de deshonesto. Siempre he sido yo, muchas veces no me gusta lo que soy, pero eso no significa que actúe o trate de engañar al mundo siendo diferente. En ocasiones me encuentro frustrado, molesto, harto, y sale lo peor de mí: celos, indecisión, vileza, indiferencia, corrosión, agresividad. No significa que así sea todo el tiempo y trate de esconderlo.

Lamento haber tratado de hacerte sentir igual de mal a como me ponía contigo. Ya sabes, decir o hacer algo lindo e inmediatamente hacerlo parecer cotidiano, común, sin valor. Tal vez en lugar de guardarme el dolor y convertirlo en rencor, debí decirte cómo me sentía con ese comportamiento. El boceto que me hizo sentir atractivo y la innecesaria explicación que me redujo a un sujeto en una foto. El cumplido que pasó a ser parte del repertorio en una escala en que tú ya tenías al mejor. No seguiré con esto. Prefiero contarte las cosas por las que me enamoré de ti.

Aunque justificaras superficialmente todo lo lindo que hacías o decías de mí, siempre me gustó creer que venía de una atracción y un interés reales y profundos. La manera en la que me mirabas, tus ojos tan expresivos. Y si de superficialidad hablamos, cumples casi todos mis fetiches. Tu forma de ser, tan tranquila, dura y espontaneamente tierna, cercana y de pronto completamente indiferente. Eres sumamente sencilla en la vida, y tan complicada con tus instintos y emociones. Me gustas tanto.

Ya no quiero que nos hagamos daño, así que no buscaré contactarte por ningún motivo, ya que parece inevitable tal fricción entre nosotros. Tampoco es que tenga alternativa. Alimaña después de todo. Construiré un mundo posible para los dos, no solo de sucesos, sino de costumbres; vidas acostumbradas a la naturaleza inclemente de su obsesión por el otro. A pesar de las muchas fracturas y de las muchas personas, no dejarán de verse, de quererse, de añorarse, de intentarlo. 

miércoles, 18 de abril de 2018

Ante editores mamones

Hay escritores mamones como hay editores mamones, que descalifican tu trabajo debido a tu personalidad, ideales, estilo, ortografía, o raquitica trayectoria. O que dada su falta de profesionalismo descalifican tu persona por algún mal trabajo que llegues a compartirles. Podemos seguirles el juego con el mismo sarcasmo con que satirizan nuestros esfuerzos o podemos comportarnos por encima y continuar ofreciendo parte de lo que somos en unas cuantas cuartillas, con respeto, otorgando una atención minima a sus menosprecios. Un editor serio es como un psicólogo, se guarda los juicios moralizadores respecto a su cliente. 

Así como hay escritores que creen que su pluma está por encima de cualquier otra, hay editores que creen que su criterio está por encima de cualquier otro. Evitales ese poder, no te desmorones ante sus críticas, y mucho menos si lo que buscan es desalentarte a seguir escribiendo. Es un hecho que la mejor y principal crítica es la autocrítica, le sigue la de los autores consolidados, luego la de aquellos que aún no consiguen adueñarse de un estilo, y finalmente, la de los académicos, en donde estarían también los editores; esta suele ser bastante rígida, austera y metódica, carente de recomendaciones. 

Esta entrada la hice por un mal momento que pasé en una de las tantas redes sociales de revistas literarias que existen. Abusan de los memes. Casi casi te dan el manual del tipo de escritor (como persona) que no quieren. 

miércoles, 4 de abril de 2018

Las últimas consecuencias

Cyan: ¿Cuando dijiste llegar hasta sus últimas consecuencias te imaginabas estadios de felicidad y calma en esa parte final del camino? 

Las últimas consecuencias están llenas de miedos e inseguridades. De marginación, de escaces, de soledad. 

No tienes por qué mostrarte fuerte, alegre, convencido... no tienes por qué engañarte para engañar al mundo. Muestrate como el hombre que se ha determinado ir hasta las últimas consecuencias de sus proyectos, el qué se pregunta si vale la pena seguir, el que ve su realidad y se siente parásito, caprichoso, disfuncional, incomprendido, inconexo, desencajado, parte de la consecuencia de un trauma familiar, denominador común de autoabandono. 

Uriel: Yo podría ser la diferencia entre mis hermanos, trabajar para una empresa sin chistar, ganar mi dinero, recompenzar mis esfuerzos con compras, salir a divertirme con mis amigos. Iría a conciertos, comería en puestos de cada rincón de la ciudad, viajaría en vacaciones. Pero mirenme, siguiendo mis sueños, torturado psicosocialmente, en continuo conflicto entre mis deseos, mi calidad de vida y mis inquietudes.

Claro que me gusta el dinero, a quién no, pero si por ese dinero tienes que perder la posibilidad de hacer otras cosas, cosas personales, que te hacen sentir que aprovechas todo tu potencial y capacidad. Diganme ¿qué vale más?

Cyan: ¿Ya te vas a rendir? ¿Vas a postergar la conclusión de esa novela, a relegar a pasatiempo tu pasión por hacer tangibles tus fabulaciones, a no tener tiempo, como la mayoría, de ser parte de una comunidad políticamente responsable?

A veces parece que tus padres cometiron un grave error al tener hijos. Quién diría que iban a salir tan necios en sus convicciones, tan traumados con sus inseguridades, tan inmaduros con sus responsabilidades ¿Hasta qué punto son ustedes adultos? ¿Se hacen cargo de sus vidas? 

Llevar hasta sus últimas consecuencias un proyecto, implica que cuando ya no tengas nada de dinero con qué alimentarlo, vas a tener que pedir, y que te van a ver mal por eso; un caprichoso. O que si te dan de buena manera y noble intención, te vas a sentir corto para retribuirselos, comprometido a dar algo más allá de tus capacidades.

Temes el resultado. Que no gustes, que pases inadvertido, que todo tu esfuerzo sea en vano ¿vale la pena terminar solo para dejar de tener esta comezón por los hubiera?... yo creo que en el fondo deseas ser retribuido. La comezón no terminará; ya lo has dicho antes, no eres escritor, ni siquiera artesano, eres un proyector. Nuevas, peores y mejores comezones surgirán. El problema es el esfuerzo y el tiempo que empleas en aliviarlas, y claro, los muchos sacrificios que desgastan tu cuerpo y tu mente.

Cyan Urón: En fin, aquí estamos, en las últimas consecuencias.

martes, 13 de marzo de 2018

¿Autoestima, amorpropio, otra cosa?

Qué vergüenza mi soberbia cuando he tratado este asunto, en retrospectiva solo puedo argumentar a mi favor que me sonaba, aún me suena, a producto mercadológico: te necesitamos funcional, te necesitamos activo, te necesitamos sano, ten autoestima. Un argumento en mi contra, contundente, es que ese concepto es la raíz de mis demonios.

Qué difícil es el amor cuando no te amas a ti mismo, qué difícil es el amor propio cuando no puedes amar. Pero hay alternativas al amor. Está el cariño, la compasión, la empatía, el enamoramiento y la ilusión. Seguro habrá limitantes para quien no puede amar, por ejemplo, no disfrutará al máximo nivel la vida, se quedará corto al desarrollarse emocionalmente con su pareja, y puede que por tal razón cause daño. Es importante conocer tus límites para no dañar a segundos.

Leyendo Fluir de Mihaly Csikszentmihalyi, vislumbré 2 tipos de personas; los de infancias en ambientes pacíficos y retroalimentivos, y los que tuvieron infancias en ambientes rígidos, violentos o solitarios. Estos últimos pasan mucho tiempo tratando de descubrirse, de pensarse como entes distintos a las masas, de sobreponerse ante las tribulaciones y de armarse de acuerdo a todo aquello que consideran como propio y que a veces inflan a proposito, para llenar los demás huecos. A los unos los llamo de personalidad sólida, a los otros los llamo de personalidad disgregada.

Si te han dicho que te falta autoestima como báse, como pilar, o como pildora salvadora, y sientes el concepto vacío, insulso, o una bolsa de aire con bonita cubierta pero que no te sirve de nada, trata de replantear el fondo. No es el autoestima, es tu personalidad disgregada. Los de personalidad sólida no necesitan nunca plantearse nada de esto, ellos saben quienes son, lo que quieren y qué necesitan.

No quiero resumir todo aquello que conforma una personalidad, seguro habrá matices que no logro percibir, huecos que no he requerido cubrir, pero por lo pronto aquí algunos fragmentos generales:

1. Mis ideologías y valores
2. Mis virtudes
3. Mis memorias más trascendentes
4. Mi sexualidad
5. Mi valor en el universo
6. Mi valor en la humanidad
7. Percepción de mi entorno (qué me gusta y qué no)
8. Pirámide de placeres (en cuales invierto más tiempo y dinero)
9. Percepción de mi físico
10. Mis metas
11. Mis habilidades
12. Mis defectos
13. Mi situación actual

Comodín: Canon personal de belleza.

Voy agregando conforme se revientan las crisis. Tengo una pequeña parte del muro de mi habitación tapizada con notas de cada una de estas partes. Tengo que estarme recordando seguido por qué hago lo que hago, voltear a ver lo que soy y no bobear lo que muestran los demás de sí. No sé si llegue el día en que no tenga que mirar el muro, pero seguramente  no habrá un final feliz en que ya ni siquiera necesite reevaluar mi personalidad. Ya veremos, estoy experimentando.

Ahora, lo que planteo no es un sólidos buenos, disgregados malos, o un capaces e incapaces (ambos tipos de personalidades son capaces de enriquecerse), sino un; así soy, ergo necesito una fórmula de vida acorde a mí. Como el bastón al ciego, las muletas al cojo, la protesis al manco. 

viernes, 2 de marzo de 2018

Ritmo abrupto

¿De a cuánto será la proporción de gente que necesita reconstruirse, aislarse y reafirmar su personalidad cada que alguien o algo la amenaza? ¿3 de cada 10?

Estoy buscando la solución a este ciclo vicioso. Va más o menos así: 1.Te sientes bien, haces lo que te gusta. 2. Sales allá fuera y es inevitable compararte; familiares y gente cercana llevan sus vidas eficientemente, ganan dinero disfrutando de lo que hacen, han logrado muchos objetivos, tienen pareja y sexo. 3. Te alejas de todos, te aislas, te deprimes. 4. Te reconstruyes, te haces preguntas sobre por qué eres valioso, quién eres, en dónde estás, cómo podrías sentirte mejor. 5.A veces llegas a una conclusión complaciente, otras terminas tan agotado que prefieres simplemente continuar con la vida que tienes y dejar de pensar. 6. Vuelve a empezar.

Así como mi sexualidad puede resultar patética para muchas personas, pasa lo mismo con la totalidad de mi vida. Hago poco porque paso por estos muchos abruptos, estas dudas e inseguridades. Regularmente sucede que en las mañanas recuerdo mejores momentos, cuando había alguien a quien le gustaba, alguien que me quería. Extraño. Me pregunto si alguien me extraña. Me respondo que no, que ellos y ellas no tienen tiempo para sentimentalismos, que no soy o no fui importante en sus vidas, que hay gente nueva con la que me han superado facilmente. Las pruebas son claras, no me hablan ni me escriben. No me buscan.

Además yo hago mucho daño. No lo hago a proposito, es mi naturaleza pasivo agresiva; creo estar tranquilo, normal, pero muy en mi interior hay un perro asustado, que muerde a quien parece que le quiere hacer daño o a quien puede hacerlo, a quien tiene el poder de hacerlo, a quien le doy, muy a mi pesar, el poder. Personas a quienes quiero y de quienes me enamoro.

¿Cómo salir de esta maraña? Mi plan, basado en lo que ya he hecho antes con mi sexualidad, es establecer de una vez por todas, todo de lo que se constituye mi personalidad, tal vez así sea más fácil superar los trances; o más rápido. Y poco a poco los abruptos se vuelvan menos escabrosos, y adquiera el ritmo fluido perfecto.

Personalidad:

Sexualidad
Entorno
Metas
Habilidades
Memorias más significativas
Autopercepción física
Valor universal
Valor en la sociedad
Defectos
Virtudes
Valores e ideología
Conflictos y dificultdes
Placeres y sus rangos

Algunos mapas conceptuales serán suficientes.

jueves, 15 de febrero de 2018

Para no extrañarte al despertar

Tengo que decirme cosas, que pueden ser mentira, sí, pero las necesito para hacerte la mujer más nefasta del planeta. No puedo seguir torturandome por cuestiones morales; de si mi necesidad biológica está mal, o si pude o no haber evitado generar rencor por pasadas muestras de indiferencia y desengaño(?), o si las conjeturas paranoides que me formulé son producto de mi mente enferma o del silencio que permeaba toda la lógica de tu conducta, quizá ambas.

A lo mejor los dos estamos enfermos. Hay cosas que no me puedo explicar, no son sanas para mí, y seguro es imposible que poniendote en mi lugar las veas. Probablemente pasa lo mismo de tu lado. Fantaseo con una conversación frente a frente para entendernos. De cualquier forma el rencor no cesará hasta llevarlo a algún tipo de catarsis. Claro que lo primero en lo que pienso es en sexo, hace años que no caigo en tales encuentros. Sí, ni el sexo ni la conversación van a suceder. Admito que les doy fuego en la noche, para mitigar la libido.

Para cuando despierto necesito volverte la mujer más nefasta del planeta, a la que no le resulto atractivo, que mira una de mis fotos con ojos de analista, apreciándola por sus propiedades estéticas: luz, color, forma, y todas esas mamadas por las que prefiero la literatura al análisis literario. Yo me hubiera entregado totalmente a ti, sin medias tintas. Necesitaba saber si tú también. Es evidente que no, si tenías esas dudas como yo tenía el rencor... no había nada qué hacer. Ibas a encontrar lo que estabas empecinada en encontrar. ¿Qué? ¿que como soy hombre lo único que quiero es sexo, que como escribo "bonito" trataba de embaucarte, que soy culero, narcisista y que no me importas en realidad?

¿Y cómo demuestro lo contrario? si te extraño, si vuelvo a tu vida una y otra vez, si me gusta lo que voy conociendo de ti y te lo hago saber, excepto tu primo mamado, que de todas formas no eres tú y no debería interferir sobre aquello que sientas ¿no es suficiente? ¿quieres que te conquiste? ¿que te lleve flores, que escriba con corazoncitos y besos y pendejadas cursis? aborresco toda esa basura. Si no te gusta como yo quiero, que sí, seguro es miserable mi cariño, pero es sincero, entonces ya no hay nada más que hacer.

Lista básica para aborrecerte:

  1. Estás más entusiasmada en probar que soy eso que piensas de mí que de conocerme.
  2. Te resulto patético.
  3. La montaña rusa de tus emociones, el blanco y negro con que ves el mundo, incompatible con mi gris.
  4. Tu primo, insuperable.

sábado, 3 de febrero de 2018

Pros y contras personales de México

Pros

  1. Culturas indígenas
  2. Mis amigos y familia
  3. Fauna y flora
  4. Mujeres 
  5. Gastronomía
  6. Clima
  7. Ingenio
  8. Humor


Contras

  1. Cultura del narco
  2. Música popular
  3. Violencia
  4. Clase política
  5. Religiosidad
  6. Partidocracia
  7. Machismo
  8. Indiferencia