miércoles, 4 de abril de 2018

Las últimas consecuencias

Cyan: ¿Cuando dijiste llegar hasta sus últimas consecuencias te imaginabas estadios de felicidad y calma en esa parte final del camino? 

Las últimas consecuencias están llenas de miedos e inseguridades. De marginación, de escaces, de soledad. 

No tienes por qué mostrarte fuerte, alegre, convencido... no tienes por qué engañarte para engañar al mundo. Muestrate como el hombre que se ha determinado ir hasta las últimas consecuencias de sus proyectos, el qué se pregunta si vale la pena seguir, el que ve su realidad y se siente parásito, caprichoso, disfuncional, incomprendido, inconexo, desencajado, parte de la consecuencia de un trauma familiar, denominador común de autoabandono. 

Uriel: Yo podría ser la diferencia entre mis hermanos, trabajar para una empresa sin chistar, ganar mi dinero, recompenzar mis esfuerzos con compras, salir a divertirme con mis amigos. Iría a conciertos, comería en puestos de cada rincón de la ciudad, viajaría en vacaciones. Pero mirenme, siguiendo mis sueños, torturado psicosocialmente, en continuo conflicto entre mis deseos, mi calidad de vida y mis inquietudes.

Claro que me gusta el dinero, a quién no, pero si por ese dinero tienes que perder la posibilidad de hacer otras cosas, cosas personales, que te hacen sentir que aprovechas todo tu potencial y capacidad. Diganme ¿qué vale más?

Cyan: ¿Ya te vas a rendir? ¿Vas a postergar la conclusión de esa novela, a relegar a pasatiempo tu pasión por hacer tangibles tus fabulaciones, a no tener tiempo, como la mayoría, de ser parte de una comunidad políticamente responsable?

A veces parece que tus padres cometiron un grave error al tener hijos. Quién diría que iban a salir tan necios en sus convicciones, tan traumados con sus inseguridades, tan inmaduros con sus responsabilidades ¿Hasta qué punto son ustedes adultos? ¿Se hacen cargo de sus vidas? 

Llevar hasta sus últimas consecuencias un proyecto, implica que cuando ya no tengas nada de dinero con qué alimentarlo, vas a tener que pedir, y que te van a ver mal por eso; un caprichoso. O que si te dan de buena manera y noble intención, te vas a sentir corto para retribuirselos, comprometido a dar algo más allá de tus capacidades.

Temes el resultado. Que no gustes, que pases inadvertido, que todo tu esfuerzo sea en vano ¿vale la pena terminar solo para dejar de tener esta comezón por los hubiera?... yo creo que en el fondo deseas ser retribuido. La comezón no terminará; ya lo has dicho antes, no eres escritor, ni siquiera artesano, eres un proyector. Nuevas, peores y mejores comezones surgirán. El problema es el esfuerzo y el tiempo que empleas en aliviarlas, y claro, los muchos sacrificios que desgastan tu cuerpo y tu mente.

Cyan Urón: En fin, aquí estamos, en las últimas consecuencias.

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