martes, 30 de septiembre de 2014

El desgastante y desganado penúltimo día de septiembre

   Hoy fue un día como pocos. Puck ha fallecido. Luchó más de lo que creí era capaz. El domingo; antier, parecía que ya no amanecería con vida. Sus vertebras se endurecían y poco a poco fue perdiendo el control de sus movimientos, sus nervios deteriorados se apagaban. En parte me daba ánimos, pensando que era una gran enfermedad de la que llegaría a recuperarse con las medidas necesarias. Finalmente lo separé de su compañera de vida, Morrigu, que sobrestimulaba sus pobres nervios. Sentí mucha tristeza, aunque claro que tenía ya un plan para contrarrestar la soledad de ambos: más ratones. Compré un tupper amplísimo pero más bajo que el terrário, y al nuevo compañero de Puck; Gronch. Otro manchado. Puck tenía un pelaje semi marrón de raíces negras con manchas blancas. Gronch tiene un equilibrio entre blanco y negro, que no sé si es negro con manchas blancas o blanco con manchas negras. Incluso sus ojos obedecen este principio; el ojo en el lado blanco tiene destellos cobre y el del lado oscuro es completamente negro.
   En fin, este lunes, ha sido devastador. Llegué de la escuela temiendo lo peor, pero me equivocaba, Puck seguía con vida y pude quererlo por ultima vez. Murió en mis manos...
    Le preparé un lecho con dos pedazos de cascara de coco; en la parte interna de una de ellas pinté su rostro y escribí su nombre. Lo enterré en el limón del patio trasero. Mi Puck.
    
    No comí muy bien, sino que poco y malpasandome. Tengo un horrible sabor en la lengua, como de orina de camello. Estoy un poco malo de los bronquios.

   Otra vez en la escuela, sentí que la motivación para seguir con la carrera, seguir estudiando Letras, ya no existía. Si en algún momento esporádico avivaba mi curiosidad algún tema de alguna materia; hoy sentí que ya sólo estaba cumpliendo con mi deber profesional y como hijo, al que se le ha invertido no sé cuanto tanto del salario mensual y quincenal, y harta confianza. 
   Entré a letras porque soy bueno redactando y de entre mis muchos hobbies y obsesiones tengo la de leer. Mas no es suficiente ser bueno. Te das cuenta que el ambiente laboral con el que pretendes inmiscuirte es vacío y monótono ¿Qué serás al salir? Lo dejas como sorpresa para el final. Buen recurso para terminar la carrera, ignorar el hecho de que hay áreas especificas para ejercer tus conocimientos. Me imagino lo mejor entre estas y me entiendo como editor. Es un simple amor por darle a algo tu estilo y mostrarlo y venderlo al mundo o parte de él. Lo feo es que renqueo de un gusto estético tipográfico lo suficientemente intenso para hacerlo bien, para dedicarme a ello de lleno durante buena parte de mi vida. Mucho menos me gusta el corregir textos.
   La esperanza en el campo de la investigación cada clase se apachurra más y más.
  Como traductor me siento empobrecido, las otras lenguas y su riqueza lexicológica me frustran los sesos en lugar de motivarlos.
   Y esas eran mis opciones de trabajo en letras.
   
 Me llama ser diseñador artesanal. A lo mejor soy bueno allí y aún no lo sé. Me entusiasma hacer y vender mi propio producto, además de expandir mi mercado y darme a conocer fuera del estado, o mejor aún, de México. Lo veo posible. Y ya no tendré que estarme devanando los sesos por lo que algún fulano escribió.
  Me gusta porque a diferencia de otros tipo de diseño no trabajas forzosamente a petición, condición, y gusto del comprador. Y a diferencia del artista; no es necesario transgredir lo ya hecho... hay una vena tradicional que se me infla, como cuando quería ser folclorista; y no tiene que ver con cuestiones patrióticas o nacionalistas, sino meramente culturales. 
   De todas formas primero tengo que probarme en eso. Y ya veremos.
Publicar un comentario