jueves, 16 de agosto de 2012

Mi aburrida terapia


Esto ya no es lo que era antes; es probable que así tenga que ser. Hay un tiempo para todo y creo sinceramente que por estos grises y oscuros días míos (que venga, lo reconozco, ha sido un montón de tiempo), la introspección se me ha dado. Nadie lee estos blogs de confesiones... pero bueno, no tengo ganas de hacer cuentos, ni poesía, ni wacamole, y ultimadamente es mi blog, yo lo degenero cuanto quiero.

He tenido unos sueños rarisimos; ayer soñé que una jauría de perros atacaba a una amiga, por la cual yo sentía especial afecto (no sé por qué o quién era ella). Desperté alterado y muy incomodo, en parte porque uno de sus amigos, uno que vivía en un fandango... en un fangal, y a través de un largo túnel que tuve que recorrer, me cuestionaba mi mala disposición a ayudarla; le reclamé que no era tan tonto para pelear contra una jauría, y que de inmediato busqué ayuda con unos oficiales (parecían de transito) quienes usaron sus silbatos y macanas para dispersar a los encabronados canes. Cuando llegue a su casa ella no le venia verme. Me puse inquietisimo por este sueño y logré descifrarlo. La jauría es nada menos que yo, esa parte de mi carácter que asusta a la gente, soy una persona agresiva, pasivo-agresiva; los oficiales son, o bien mi lado consciente tratando de autocontrolarme, o la ayuda profesional que, imagino desde siempre, puede arreglarme.

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