jueves, 18 de febrero de 2010

Febrero 7 del 2010

(Descalabro de diario)

Este texto a sido editado y desfragmentado para su rápida digestión:

Apenas a una semana de escuela, estaba desesperado por salir... así que telegrafié y telefoneé a la Vizcacha, ya que el buen Maggoz nos había advertido con anticipación que estaría ocupado. Comprar la Ilíada para la materia de Literatura Grecolatina e ir a degustar un desconocido grupo de folk, eran sólo pretextos para salir a caminar (una de mis actividades favoritas). Sin embargo mi condición de obsoleto me obligó a vagar solo... hace años que no tengo teléfono celular. Y es que, siempre que tengo algo de plata me la gasto en cosas que supongo en el momento son, o deberían ser más importantes, como un disco, un libro, un boleto para un concierto, reproductor de música, comida, transvales (vales de transporte), pilas y finalmente: El cuaderno.

Es mi deber informarles sobre El cuaderno. Claro, tengo varios cuadernos, pero sólo algunos de ellos merecen ser El cuaderno. Se podría pensar que El cuaderno es una especie de diario, y podría serlo, pero El cuaderno se concentra en otros asuntos más relevantes, al menos para mí; reúne todas aquellas ideas, intentos de poesía, tachas, dibujos, significados, avisos... pequeñas notas que buscan la metamorfosis personal, el obsequioso vomito descompuesto de la verborrea y el suntuoso recuerdo de engranajes y piezas mecánicas para futuras novelas, cuentos y uno que otro poema. Oh!, sin olvidar, contactos y los ciclos que marcan el espíritu que debo seguir durante un lapso de tiempo que es definido al termino de las actividades que marca el gran, magno, poderoso ciclo. 

Tengo dos de esos cuadernos, uno esta agonizando (a falta de más hojas) y el otro ha sido completado deficientemente, ya que lo prostituí con apuntes escolares de gramática. 

Pero volvamos al día en el cual me sentía obsoleto y abandonado; por unos minutos paso por mi sesera que  había caducado (si puede ser eso posible), supongo que también los grajus llegan a cansar, y debe ser por su sangre homínida. Así, el concierto comenzó, el grupo era Antoine Reverb. El modesto concierto termino pasadas las 10:30 y me apresure a marcharme. El plan A, consistía en tomar la ruta 51 y pagar la suma de 6 pesos. Mas el 51 no apareció. El plan B, era similar al plan A, tomar la linea de camiones Turquesa o Tur y pagar 9.50 pesos. Cuando estaba apunto de pasar al plan C, que era tomar un taxi y pagar poco más de 50 pesos, conocí a Nayeli, una chica agradable.

Lo siguiente son notas de borrador que perdieron sentido:
no recuerdo como sucedió, pero estoy seguro de que ahí fue.   debo dar nombre (cualquier sugerencia será cordialmente recibida y posiblemente reciclada)
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