domingo, 20 de diciembre de 2009

Rupagra





Mecía su cabeza de aquí para allá; mustélida. Los audífonos puestos estimulaban su acelerada masa cerebral, sentada al escritorio de rustica, más burda belleza; la llevaban a sonreírse. "Esperaste demasiado, has esperado demasiado". Y nadie la podría tocar. Perturbar su armonía. Piel ilhumedeada. ¿Quién eres? balbuceé en mi escondrijo y luego las bobinas se encendieron y huí amenazado, gritando por la lengua estrangulado, un nombre, uno cualquiera, sin que ella se percatara... del ratón que encandilado, se escabullo entre sus piernas y las patas de una mesa. 




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