jueves, 9 de abril de 2015

Me pesa lo que me falta

Ya ni me enojo. Está enorme y viejisima búsqueda por encontrar el equilibrio en cuanto a deberes y placeres parece mi propia casa rodante, como en un cuento que escribí hace algún tiempo de mucho encierro, en que una casa fungosa atrapa al habitante en ella y lo vuelve parte de sí, en ese sentido macabro funciona esto. Leo publicaciones antiquísimas en las que he plasmado mis anhelos de que las cosas marchen a un ritmo natural y favorable y me quedo con un sabor sanguinolento y cálido ¿lo he logrado? Siendo objetivo este barco no puede seguir un rumbo fijo, y no es mi culpa. 

Me encanta la vida que llevo, y contradictoriamente, me pesa. Mis metas puestas. Lejanas, tibias, fantasmales. Viajar mucho para conocer otras culturas, ser independiente económicamente, hacer una casa mía... ni siquiera me importa titularme. Mas sé que en algún momento será necesario. Es una pena bien corrosiva, años, muchisimos años, presentándome en clase, intentándolo, fallando, desistiendo, una y otra vez; el avance rastrero y agonizante. Ya no me surge la fe de que a partir de "este semestre con este sistema" todo saldrá estupendo y por fin avanzaré con paso regular y seguro.

Quiero mucho a mis amigos y de vez en cuando los recuerdo con cariño, pero me da pena cada que los veo, no poder decirles que me va todo lo genial que quisiera, porque yo no les miento a mis amigos, ni para que no se preocupen. No puedo decirles que hago cosas inútiles que me satisfacen y útiles que me frustran, porque una explicación tan exacta como la que acabo de formular, es engorrosamente difícil de sacar espontáneamente en una conversación.

Miro con cariño mi antigua fascinación por lo extranjero; lo noruego, lo irlandés... ese sabor un tanto elaborado en mi cabeza, de mar y barcos de madera, de bosque húmedo, madera pudriéndose liberando su aromática sustancia, de vida muerta; frío de fiordos, lluvia, musgo en cantera, turba, colinas, un verde que traigo en las entrañas, un verde de puertas y camas, desgastado y enfermo; café con leche azucarada y esencia de coco, cerveza con esencia de café. Tegthyn es nombre inventado, Tegthyn me suena irlandés... Es el nombre de mi chica. Nombre entrañable, rasgos orientales, de odalisca. Yo soy su llave, yo la abro y ella me corresponde. Y temo, sigo temiendo que no me entienda. Soy un lenguaje torpe y desgastado, de cuentos, motivos y curiosidades acurrucadas en el subconsciente. 

Aún tengo ratones y los quiero. Y me da pena que la gente no lo entienda, de la misma manera en la que veo desde sus ojos mi forma de vida; incomprensible. Si algo sabremos los ficcionistas, ya no escritores, porque no nos dedicamos a escribir al cien; si algo sabemos, es mirarnos desde fuera. Adoptamos perspectivas.

Me gustaría algún día terminar mis libros. Aunque como dice un buen amigo, lo que importa no es tanto el destino, sino el camino. Me fascina crear escenarios posibles, diseñar personajes, bestias, imaginar lugares, jugar con eso, tenerlo en mi cabeza, no tanto mostrarlo a los demás. De todas formas ver tu obra concluida... todo ese tiempo "perdido", dando frutos... ojalá. 

¿Me gustaría ser artesano? Más de hobbie que de oficio.

¿Qué hago? Deberes con mis mascotas y con mi familia. Disfruto a mi pareja. De tanto en tanto a mis amigos. Leo sobre muchísimas cosas; leo para mi bestiario, periódica y obsesivamente; leo para mi novela; leo para un concurso de cuento. Lo hago para sentirme seguro a la hora de escribir. Tiene sentido que sea un sistema obsesivo compulsivo. La experiencia me ha dejado claro que no funciona para cuestiones académicas, y lo sigo empleando para cuestiones académicas; lo siento, me gusta hacer las cosas bien y a mi temporalidad.

Finalmente, también me doy mi tiempo para el entretenimiento. 

Siempre buscando el equilibrio, entre gustos, deberes, entretenimiento... se me olvida que para alcanzar mis objetivos conviene tener dinero. Busco empleo. Me encantaría hacerme de mi propio negocio, sin embargo, el panorama no es nada claro en ese sentido. Me da mucha flojera lo que tenga que ver con mi carrera (hacer revistas, corregir textos, redactar noticias, enseñar español, traducir textos, analizar; PUAJ), en la onda artesanal me las voy apañando de apoco (pero necesito dinero rápido), escribiendo...

Cada escritor funciona de diferente manera. Hay escritores que aman escribir por escribir y venden como pan caliente lo que escriben, escritores artesanos. Yo soy un tipo de escritor que ama escribir lo que necesita exteriorizar, ya sea por una experiencia difícil de digerir, o bien, y sobretodo, porque tengo una construcción fantástica lista para volcar en realidad; un trabajo similar al arquitecto con los planos listos sobre la mesa, a punto de dirigir la obra.

En conclusión, no tengo muchas opciones.

Hoy fui a buscar empleo. Sentía que estaba enlistandome al ejercito. Próximo a perder la libertad por dinero, poco dinero. No tengo muchas opciones.

¿Qué pasaría si dejo mi sistema? Dejo las obligaciones. 

Ya no leo como antes. Perdí mucha de mi voluntad para leer únicamente aquello que me gusta. Mi obsesión me forza a leer lo que (a lo mejor) necesito. No es que ya no encuentre lecturas apasionantes, sino que las voy relegando a un mejor momento ¡Santo cielo!... necesito volver a mis lecturas apasionantes.... ya no soporto leer tanto, pero necesito volver a mis lecturas apasionantes. 
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